Guión e imaginación / Guió i imaginació

Xavier Àlvarez, monòleg «Smoking Room», amb Marc Fontanals (Estudi Coda, 2009)

Xavier Àlvarez, ex-alumne, actor i guionista va estar amb nosaltres impartint un curs sobre l’elaboració del guió aquest estiu, i ara ens deixa aquestes reflexions on el guionista es deixa inspirar per l’experiència de l’actor (la construcció de l’imaginari) i viceversa.

¿Habéis sentido alguna vez la sensación de que te arrastran, de que no guías tus pies, de que un impulso irrefrenable te lleva hacia aquello que amas, y no sabes por qué?  Yo siento eso mismo, esa pulsión, por la ficción. Soy, y me avergüenza considerarlo en estos términos, un consumista de manifestaciones fantás(ma)ticas: libros, teatro,  películas… Ese es mi vicio: la huída de la realidad, la construcción de mundos posibles. La Imaginación persiguiendo a la Fantasía.

La imaginación es una capacidad innata. La utilizamos constantemente, puesto que es una forma de generar recursos comunicativos: conmigo… con el otro… con el mundo. Imaginamos cuando recordamos, cuando planeamos… Siempre, y en todo momento, imaginamos: lo hacemos cuando organizamos nuestro día y, por ilustrarlo mediante un ejemplo, pensamos en que debemos pasar por el Mercadona y después, raudos y veloces, llegar puntuales a la guardería para recoger al niño; imaginamos cuando anticipamos la reunión comprometida con el jefe… imaginamos cuando degustamos con anterioridad el  viaje que nos espera de aquí a un mes: palmeras, mar, peces de colores… Imaginamos. Salimos del presente inmediato de nuestros sentidos, y nos proyectamos sobre diversas situaciones ficticias.  Situaciones que construimos con imagen y movimiento, y que tienen un sentido para nosotros.

¿No es cierto que, como lector, (te) has creado, en el párrafo anterior, ciertas imágenes? Como el Mercadona… la guardería y el niño (lo tengas o no)… el viaje idílico…? Es como si, por establecer una analogía, nuestra cabeza albergara una cámara que puede, como es su uso corriente, registrar los elementos sensibles que se encuentran frente a su ojo, pero pudiera también transmutar (sin dejar de ser cámara) en proyector, y dedicarse entonces a imaginar, a proyectar(se) ciertas situaciones ficticias, mediante imagen-movimiento.

Normalmente, a todos nos ocupa nuestra vida diaria; y así debe ser. Tomamos las riendas de la realidad, como un toro, y nos enfrentamos a una rutina imparable. Tenemos una serie de compromisos que asumir: el trabajo, la familia… Utilizamos, de este modo, la imaginación en un sentido utilitario: como gestora de momentos… como organizadora de nuestro quantum de vida.

Sin  embargo, ¿qué hay de la imaginación que niega lo real, y se entrega al juego de “hacer como si” la realidad fuera otra? ¿que decide construir situaciones ficticias? Este sería el tipo de imaginación que emplearía, por ejemplo, el actor y el escritor de ficción.

El actor (se) imagina una serie de acontecimientos que, por decirlo así, cortocircuitan los códigos de lo real. Mientras interpreta, encima de la escena, tiene medio cuerpo sobre las tablas (porque es consciente de que su trabajo consiste en comunicar a un público), pero la otra mitad descansa en otro terreno… un terreno que no está allí, que construye imaginativamente.

Un ejercicio similar (se) hace el escritor, cuando está dedicado a las labores que lo definen como tal. El escritor de ficción diseña un universo de imágenes en movimiento (sobretodo, imágenes, aunque nunca debe despreciarse al resto de sentidos) con un sentido concreto, con el fin de que resulten verosímiles al receptor y, de esta manera, éste se imagine ese “otro” mundo.

He dedicado parte de mi vida a potenciar esa habilidad. La habilidad de crear situaciones ficticias, y llevarlas a escena.

Al inicio, como actor. Estudié artes escénicas durante años, y he actuado en varias compañías y productoras de teatro, y en audiovisuales.

Después, me formé en escritura de guiones audiovisuales; siempre me ha gustado escribir, pero requería ciertos elementos organizativos. He desarrollado varios guiones: cinco obras de teatro –y decenas de sketches-, cuatro cortometrajes y un documental. Todas ellas las he producido y dirigido.

Este último año he cursado montaje audiovisual. Me ha fascinado descubrir, en vivo, cómo varía la proyección de significados en función de los planos audiovisuales que se yuxtaponen.

Hace unos días (o quizás más, depende cuándo me leas), he impartido por primera vez un curso. De Dramaturgia (en El Timbal). Se trataba de condensar, en 12 horas, la complejidad de la escritura de un guión.

Digo complejidad porque para que un guión funcione (es decir, resulte atractivo e interesante para el receptor) se debe aliñar con ciertos elementos de carácter narrativo, y se deben respetar unos códigos de género. Pero más complejo aún es transmitir lo siguiente, que se refiere a la escritura:

El guión es el diseño textual de una línea de acción dramática.

La acción dramática supone un conflicto, y se percibe a través de contenidos sensitivos.

Son dos frases que, a mi parecer, lo condensan todo. Mi empeño en el curso se centró en transmitir esta visión: la escritura entendida como el medio para transmitir acontecimientos escénicos, que se perciben a través de los sentidos. Para ello recurrimos a lecturas, material audiovisual… y también, a lo largo de esos 5 días que duró el curso, los alumnos desarrollaron, por etapas, una breve pieza teatral, individualmente. Me quedé asombrado de los resultados; de verdad.

Es tan fácil darse cuenta, en la platea de un teatro, que aquello que transcurre es percibido a través de contenido sensible… Sin embargo, transmitir al alumno que el teatro no es sólo una retahíla de parlamentos, que no es sólo texto, es tan complejo como necesario.

Un guión no se debe entender como un desglose de los diálogos que suenan en la escena. El guión no es texto. Ni mucho menos. Un guión es acontecimiento fictivo, y por tanto contenido sensible (organizado de tal manera que transmite una serie de sentidos al espectador). Un guión es, ante todo y fundamentalmente, subtexto.

Se debe, pues, incentivar ese tipo de escritura “sub-textual”, y fomentar a que los alumnos ejerciten la imaginación en ese sentido. Teatro no es gente diciendo cosas.

El guión fantás(ma)tico debe perseguir traducir su materialidad (su textualidad, esa seguidilla de palabras impresas en un tocho de folios) en una dinámica de sensaciones que, por orden, impactan en el lector-espectador, y le vivifican la imaginación.

El miércoles 23 de julio me invitaron a ver una obra en el Teatraneu; la Cia. de teatro de improvisación Planeta Impro estrenaba un nuevo formato, y quería ponerse a prueba ante conocidos y amigos. El reto de la compañía era éste: crear una obra de teatro de forma improvisada. En realidad, acabaron escenificando dos obritas de 30 minutos cada una.

El resultado, a mi parecer, fue fantástico; y no tanto por el interés que podía suscitar cada una de las tramas argumentales, sino más bien por el placer de ver interpretar y “escribir” a la vez. Los actores eran a su vez artífices de la historia, y la tensión dramática iba acelerándose… hasta resolverse, al fin.

Esa es la escritura, o la composición dramática que, a mi parecer, debe perseguirse: la que, imaginativamente, se pone en escena; la que persigue un cuerpo, un mundo de imágenes, y se apoya en la palabra (cuando lo necesite) en tanto que mediadora de acontecimientos fictivos.

Xavier Álvarez Coll.

Ex alumno Estudis Professionals Escola d’Actor.

Guionista, director y actor de teatro y audiovisuales.

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Xavier Àlvarez, monólogo «Smoking Room», con Marc Fontanals (Estudi Coda, 2009)

Heu sentit alguna vegada la sensació que t’arrosseguen, que no guies els teus peus, que un impuls irrefrenable et duu cap a allò que estimes, i no saps per què? Jo sento això mateix,aquesta pulsió, per la ficció. Sóc, i m’avergonyeix considerar-lo en aquests termes, un consumista de manifestacions fantàs(ma)tiques: llibres, teatre, pel·lícules… Aquest és el meu vici: la fugida de la realitat, la construcció de móns possibles. La Imaginació perseguint a la Fantasia.

La imaginació és una capacitat innata. La vam utilitzar constantment, ja que és una forma de generar recursos comunicatius: amb mi… amb l’altre… amb el món. Imaginem quan vam recordar, quan vam planejar… Sempre, i en tot moment, vam imaginar: ho fem quan vam organitzar el nostre dia i, per il·lustrar-lo mitjançant un exemple, vam pensar que hem de passar pel Mercadona i després. veloços, arribar puntuals a la guarderia per a recollir al nen; imaginem quan vam anticipar la reunió compromesa amb el cap… imaginem quan vam degustar amb anterioritat el viatge que ens espera d’aquí a un mes: palmeres, mar, peixos de colors… Imaginem. Sortim del present immediat dels nostres sentits, i ens projectem sobre diverses situacions fictícies. Situacions que construïm amb imatge i moviment, i que tenen un sentit per a nosaltres.

No és cert que, com lector, (t’) has creat, en el paràgraf anterior, certes imatges? Com el Mercadona… la guarderia i el nen (ho tinguis o no)… el viatge idíl·lic…? És com si, per establir una analogia, el nostre cap albergués una càmera que pot, com és el seu ús corrent, registrar els elements sensibles que es troben enfront del seu ull, però pogués també transmutar (sense deixar de ser càmera) en projector, i dedicar-se llavors a imaginar, a projectar(se) certes situacions fictícies, mitjançant imatge-moviment.

Normalment, a tots ens ocupa la nostra vida diària; i així ha de ser. Prenem les regnes de la realitat, com un toro, i ens enfrontem a una rutina imparable. Tenim una sèrie de compromisos que assumir: el treball, la família… Utilitzem, d’aquesta manera, la imaginació en un sentit utilitari: com gestora de moments… com organitzadora del nostre quantum de vida.

No obstant això , què hi ha de la imaginació que nega el real, i es lliura al joc “de fer com si” la realitat fos altra? Que decideix construir situacions fictícies? Aquest seria el tipus d’imaginació que empraria, per exemple, l’actor i l’escriptor de ficció.

L’actor (s’) imagina una sèrie d’esdeveniments que, per dir-lo així, “curtcircuitant” els codis del real. Mentre interpreta, damunt de l’escena, té mig cos sobre les taules (perquè és conscient que el seu treball consisteix a comunicar a un públic), però l’altra meitat descansa en altre terreny… un terreny que no està allí, que construeix imaginativament.

Un exercici similar fa l’escriptor, quan està dedicat a les labors que ho defineixen com a tal. L’escriptor de ficció dissenya un univers d’imatges en moviment (sobretot, imatges, encara que mai ha de menysprear-se a la resta de sentits) amb un sentit concret, amb la finalitat de que resultin versemblants al receptor i, d’aquesta manera, aquest s’imagini aquest“altre” món.

He dedicat part de la meva vida a potenciar aquesta habilitat. L’habilitat de crear situacions fictícies, i dur-les a escena.

A l’inici, com actor. Vaig estudiar arts escèniques durant anys, i he actuat en diverses companyies i productores de teatre, i en audiovisuals.

Després, em vaig formar en escriptura de guions audiovisuals; sempre m’ha agradat escriure, però requeria certs elements organitzatius. He desenvolupat diversos guions: cinc obres de teatre –i desenes de sketchs-, quatre curtmetratges i un documental. Totes elles les he produït i dirigit.

Aquest últim any he cursat muntatge audiovisual. M’ha fascinat descobrir, en viu, com varia la projecció de significats en funció dels plànols audiovisuals que es juxtaposen.

Aquest estiu he impartit per primera vegada un curs de dramatúrgia a El Timbal. Es tractava de condensar, en 12 hores, la complexitat de l’escriptura d’un guió.

Dic complexitat perquè per a que un guió funcioni (és a dir, resulti atractiu i interessant per al receptor) s’ha d’amanir amb certs elements de caràcter narratiu, i s’han de respectar uns codis de gènere. Però més complex encara és transmetre el següent, que es refereix a l’escriptura:

El guió és el disseny textual d’una línia d’acció dramàtica.

L’acció dramàtica suposa un conflicte, i es percep a través de continguts sensitius.

Són dues frases que, al meu parer, ho condensen tot. La meva obstinació en el curs es va centrar a transmetre aquesta visió: l’escriptura entesa com el mitjà per a transmetre esdeveniments escènics, que es perceben a través dels sentits. Per a això recorrem a lectures, material audiovisual… i també, al llarg d’aquests 5 dies que va durar el curs, els alumnes van desenvolupar, per etapes, una breu peça teatral, individualment. Em vaig quedar sorprès dels resultats; de debò.

És tan fàcil adonar-se, en la platea d’un teatre, que allò que transcorre és percebut a través de contingut sensible… No obstant això, transmetre a l’alumne que el teatre no és només una tirallonga de parlaments, que no és només text, és tan complex com necessari.

Un guió no s’ha d’entendre com un desglossament dels diàlegs que sonen en l’escena. El guió no és text. Ni de bon tros. Un guió és esdeveniment fictici, i per tant contingut sensible (organitzat de tal manera que transmet una sèrie de sentits a l’espectador). Un guió és, abans de res i fonamentalment, subtexte.

Es deu, doncs, incentivar aquest tipus d’escriptura “sub-textual”, i fomentar que els alumnes exercitin la imaginació en aquest sentit. Teatre no és gent dient coses.

El guió fantàs(ma)tic ha de perseguir traduir la seva materialitat (la seva textualidad,aquesta seguidilla de paraules impreses en un totxo de folis) en una dinàmica de sensacions que, per ordre, impacten en el lector-espectador, i li vivifiquen la imaginació.

El dimecres 23 de juliol em van convidar a veure una obra en el Teatraneu; la Cia. de teatre d’improvisació Planeta Impro estrenava un nou format, i volia posar-se a prova davant coneguts i amics. El repte de la companyia era aquest: crear una obra de teatre de forma improvisada. En realitat, van acabar escenificant dues obretes de 30 minuts cadascuna.

El resultat, al meu parer, va ser fantàstic; i no tant per l’interès que podia suscitar cadascuna de les trames argumentals, sinó més aviat pel plaer de veure interpretar i “escriure” alhora. Els actors eren al seu torn artífexs de la història, i la tensió dramàtica anava accelerant-se… fins a resoldre’s, per fi.

Aquesta és l’escriptura, o la composició dramàtica que, al meu parer, ha de perseguir-se: la qual, imaginativament, es posa en escena; la qual persegueix un cos, un món d’imatges, i es recolza en la paraula (quan ho necessiti) mentre que mediadora d’esdeveniments ficticis.

Xavier Álvarez Coll.
Ex-alumne Estudis Professionals Escola d’Actor.
Guionista, director i actor de teatre i audiovisuals.